Piers estaba preparado en la arena. Ryze, su oponente, le miraba amenazadoramente. Leryn estaba fuera tomándose un merecido descanso. Ella pudo ver que un tipo se acercaba, con cierto cansancio.
- Mátame. –dice el que acababa de llegar.
- ¿Bowk? –pregunta Leryn asombrada.
- Que me mates.
- ¿Por qué he de hacerlo?
- Tú me has vencido. El ganador vive, el perdedor muere. Mátame.
- Sí que eres raro para querer tirar tu vida de esa manera...
- Prefiero morir a vivir sin saber por qué.
- ¿Hace falta un porqué para vivir?
- Entonces, ¿no vas a matarme?
- No. –sonríe Leryn.
- Impresionante, me ha vencido una cobarde.
- La vida es lo mejor que tenemos. ¡No hay que malgastarla de esa manera! Piensa en tu familia, tu gente... ¿Crees que querrán que les abandones?
- Déjate de esas chorradas que parece que has sacado de un libro de autoayuda.
- ¿No te preocupa la gente?
- ¿A tí sí?
- ¡Desde luego! No es un delito hacer un favor a alguien.
- Por qué haces cosas por los demás... Dime, ¿te sirve de algo?
- Tienes que darte cuenta de muchas cosas, Bowk. Cuando lo hagas, comprenderás que tengo razón.
Bowk se alejó sin decir ni una sola palabra.
- Qué raro es... –piensa Leryn para sí.
Una voz que venía de la arena acababa de anunciar la victoria de Piers sobre Ryze. En media hora se disputaría la final. Piers salió de la arena y fue a reunirse con Leryn, que le felicitó por haber llegado tan lejos.
- Comprende ya que el Coloso es mío. –dice Piers riéndose.
- No te lo voy a poner nada fácil, más te vale darlo todo o el Coloso será mío –ríe Leryn.
- ¿Crees que me voy a cortar? En la arena no existen compañeros, ni amigos. Solo aliados y enemigos. ¡Y esta vez somos enemigos! –grita Piers.
- Me gusta tu espíritu. Suerte, porque la vas a necesitar. –guiña el ojo Leryn.
- ¡Eres tú la que la va a necesitar!
El tiempo de descanso había acabado. Los dos finalistas entraron en la arena, se estrecharon fuertemente las manos y se separaron unos pasos. Se indicó el comienzo del combate.
Piers cogió dos hachas de mano y corrió contra Leryn. Ella, en vez de esquivarlo, le sorprendió con una patada frontal. Piers ladeó un poco la cabeza, esquivando la patada, y barrió el aire, con ansia de darle a Leryn, pero ella se deslizó por el suelo esquivando los hachazos. Piers cogió el hacha grande, la levantó, pero Leryn fue más rápida y salto sobre él tirándolo al suelo. Se agarró fuertemente a él, pero un golpe de hacha de mano la hizo aflojar, y Piers se la quitó de encima, levantándose mientras ella aún seguía en el suelo. Piers levantó de nuevo el hacha gigante y descargó un fuerte golpe, que Leryn volvió a esquivar. Ella, tras esquivar el golpe, se levantó con una voltereta en el aire, y atacó a Piers con una doble patada. Piers recibió la primera patada, pero antes de recibir la segunda acertó de lleno con el hacha gigante, mandando a Leryn al suelo, a unos metros de distancia. Ella se levantó costosamente.
- ¡Admite ya que el Coloso es mío! – vocea Piers.
- ¡Aún puedo pelear! –responde Leryn.
Piers lanzó las dos hachas de mano en modo bumerán. Leryn se agachó esquivándolas, y corrió contra Piers, que quedó quieto. En cuanto Leryn levantó la pierna para atacarle, Piers volvió a rechazarla con el hacha gigante, mandándola esta vez a más metros de distancia. Pero Leryn volvió a levantarse, y comenzó a brillar de una manera extraña...
- ¿Leryn? –dice Piers extrañado.
- Te enseñaré... qué es un Ultimate.
- ¡DESARROLLAS UN ULTIMATE Y NO ME HABÍAS DICHO NADA!
- Lo que sorprende gana.
Leryn corrió contra Piers, y disparó una gran cantidad de veloces y potentes patadas, acertándolas todas. Lo mandaba volando, saltaba y lo remataba lanzándolo contra el suelo, volvía a mandarlo hacia arriba, hacia abajo, hasta que cayó sobre él con fuerza, dejando de brillar. Piers parecía completamente acabado. Leryn se levantó y apretó el cuello de Piers con el pie, como indicando que la victoria era suya. Pero Piers seguía moviéndose, y las reglas del Coloso indicaban que el combate no acababa hasta que uno moría o se rendía.
Piers, para sorpresa de todos, aún en el suelo y con el pie de Leryn sobre su cuello, agarró el hacha gigante, y empezó a brillar también.
- Querida, no eres la única que ocultaba algo.
Hundió la enorme hacha en el suelo, y una violenta sacudida sísmica desequilibró a Leryn antes de que pudiese saltar, tirándola al suelo. Entonces, esquirlas de tierra surgieron del suelo, mandando a Leryn volando una y otra vez. Estando ella en el suelo, Piers levantó el hacha gigante del suelo, y la lanzó contra Leryn, acertándole de lleno. Esta vez ella ya no pudo levantarse, y golpeó el suelo en señal de rendición.
Todo el Coloso vitoreó a Piers, que se acercó y tendió la mano a Leryn. Esta se la cogió amistosamente y se levantó, felicitando a Piers. Unos soldados se acercaron y entregaron la Copa y un saco de oro a Piers, que los cogió como si fuesen plumas y se marchó del Coliseo, con Leryn siguiéndole. Andaron un poco, y cuando ya estaban suficientemente lejos del Coliseo un joven apareció.
- Estáis los dos acabados, por lo tanto, os mataré y os robaré los tesoros.
- ¿Ryze? –dice extrañado Piers.
- Adiós, Hainley. Adiós, finalista.
El chico extendió la mano, y una bola de fuego apareció. Piers no tenía fuerzas para coger el hacha, ni Leryn tampoco podía atacarlo. Para sorpresa de los dos, una sombra veloz cayó encima de Ryze, matándolo al instante.
- ¡Bowk! –dice Leryn sorprendida, al verlo.
- Te debía una por haberme perdonado la vida, ¿no?
- No hacía falta... ¡Pero gracias!
- No lo he hecho por tí, sino por saldar la deuda. Espero que volvamos a vernos, y espero que sea como enemigos. –dice Bowk retirándose.
Final Destination
viernes, 20 de agosto de 2010
Eidolancer - Capítulo 14
Reginleif, Claire y Evangeline estaban ya cerca del Monte Deran. Las altas cumbres se veían de fondo, y la luz ya estaba desapareciendo. En el Monte Deran nunca es de día, es un lugar que nunca recibía la luz del Sol. Viejos cuentos y leyendas afirman que la noche eterna allí se debía a algún Eidolon lunar. También, otros cuentos y leyendas, afirmaban que el Monte no pertenece a la Tierra, sino a la Luna, y había una especie de barrera interdimensional que permitía llegar hasta allí.
- Curioso... Un lugar donde no existe el día. –dice Claire.
- Así es. Eve, tú has debido de oír las viejas leyendas de este lugar. –responde Reginleif.
- Sí, siempre me han gustado, y siempre he querido venir a este sitio, donde la luna llena nunca desaparece, donde místicos Eidolon lunares se esconden... –dice Evangeline interesada.
- El otro Eidolancer ha de estar en el Pico de la Luna Fulgurante... y Knoll con él. –dice Reginleif, mostrando cierta preocupación.
- Un Eidolancer no tendrá problema para hacer polvo a Knoll... siempre que él no lo engañe. –dice Claire.
- Ese tal Knoll tiene una fama de manipulador tremendamente grande, por lo que veo. –dice Reginleif.
- Con solo mirar a una persona, entra en sus recuerdos... y esa es su arma. Gracias a ello ha conseguido tanto de quien ha querido. –responde Claire.
- No vais a llegar al Druida. –dice una voz desagradablemente conocida, a sus espaldas.
Krad los había alcanzado. Empuñaba su reluciente espada, y miraba amenazadoramente a Reginleif y los demás.
- Os perdoné la vida una vez, en la entrada del Coliseo. Y me dí cuenta de que ha sido un gran error. –dice Krad.
- Demasiado tarde para arrepentirse. –dice Reginleif.
- Lo es. Pero ahora hemos vuelto a encontrarnos. Y decirme, ¿creéis que hay alguien tan necio como para cometer los mismos errores del pasado? –dice Krad, vacilante.
- No tendrás que cometerlo... ¡Porque no tendrás ocasión! –dice Claire, empuñando su espada.
- Ajá... Ya veo. La traidora será la primera en morir. –dice Krad irónicamente.
- ¡TÚ serás el primero y el único en morir! –grita ella.
Claire tendió a arremeter contra Krad, pero notó una mano sobre su hombro, deteniéndola.
- Quieres pelear contra Knoll y vencerle, ¿no? –dice Reginleif, detrás de ella.
- Sí...
- Entonces, el generalito engreído es comida para mi hermana y para mí. No tienes que cansarte antes de llegar al Pico, nadie sabe de lo que es capaz Knoll.
- ¡Vale! –dice ella, echándose hacia atrás y dejando espacio a Reginleif y Evangeline.
- No me asusta que seas un Eidolancer, te mataré de todos modos. ¡Sefem me recompensará por todo lo alto! –vocifera Krad.
- ¡Zagan! –dice Evangeline, alzando su talismán.
- Doomcaliber, amo de los coliseos, acude a mi llamada. –dice Reginleif.
Apareció el mismo resplandor de siempre, y Reginleif volvió a adoptar la forma del caballero de la gran espada, y Zagan apareció a su lado.
- Así que lo del Ultimate del Hainley era mentira... Bien, todo preparado. Que comience la fiesta. –dice Krad tranquilamente, agarrando su espada con ambas manos.
Una luz roja brillaba en el cuerpo de Krad, y se transformó en un enorme demonio alado de color marrón y negro que portaba una colosal espada.
- Esto es un verdadero Ultimate. –dice Krad.
Zagan arremetió contra él, chocando su enorme hacha con la gigantesca espada de Krad. Ninguno de los dos cedía. Reginleif clavó su espadón en el suelo, y una especie de dragón de humo negro surgió del lugar donde lo había clavado, que alcanzó a Krad en el pecho. Krad cayó al suelo, recuperando su forma humana.
- Encontraré la manera... de parar a un Eidolon... y controlarlo... –dice Krad medio agonizante.
- General Krad... no levantes tu espada contra aquél al que no puedes derrotar. –dice Reginleif fríamente, recobrando la forma humana.
- Ilusos... Khamja nunca va a caer ante tales personas...
- Krad... ¿No te das cuenta de que eres un juguete del Emperador? –dice Claire.
- ¿Yo? ¿Un juguete? Estáis tontos, no sabéis ni lo que decís.
- Esta será tu tumba. –dice Claire levantando la espada.
- Antes habréis de alcanzarme... ¡Absórbeme, Oscuridad! –dice Krad.
Un agujero de sombras apareció en el suelo, escapando Krad a través de él.
- Ha ido a la capital. –dice Claire.
- ¿A la capital? –pregunta Evangeline.
- Los más altos guerreros de Khamja pueden volver a la capital de esa manera cuando quieran.
- ¿Tú también lo hacías? –pregunta Reginleif.
- No, pero Knoll sí, siemp...
Antes de que Claire acabase la frase, un resplandor azul inundó la zona. Parece ser que la luz venía de la montaña más alta del Monte Deran, el Pico de la Luna Fulgurante.
- Eso es... –dice Reginleif.
- El Pico de la Luna Fulgurante. –dice Evangeline.
- Knoll debe de estar ya allí. –dice Claire.
- Y el otro Eidolancer... también. –dice Reginleif.
- ¡Vamos! –grita Evangeline.
Reginleif echó a correr hacia la montaña de donde provenía la luz, Claire y Evangeline le acompañaban. La luz cada vez era más intensa, y de vez en cuando emitía resplandores...
- Curioso... Un lugar donde no existe el día. –dice Claire.
- Así es. Eve, tú has debido de oír las viejas leyendas de este lugar. –responde Reginleif.
- Sí, siempre me han gustado, y siempre he querido venir a este sitio, donde la luna llena nunca desaparece, donde místicos Eidolon lunares se esconden... –dice Evangeline interesada.
- El otro Eidolancer ha de estar en el Pico de la Luna Fulgurante... y Knoll con él. –dice Reginleif, mostrando cierta preocupación.
- Un Eidolancer no tendrá problema para hacer polvo a Knoll... siempre que él no lo engañe. –dice Claire.
- Ese tal Knoll tiene una fama de manipulador tremendamente grande, por lo que veo. –dice Reginleif.
- Con solo mirar a una persona, entra en sus recuerdos... y esa es su arma. Gracias a ello ha conseguido tanto de quien ha querido. –responde Claire.
- No vais a llegar al Druida. –dice una voz desagradablemente conocida, a sus espaldas.
Krad los había alcanzado. Empuñaba su reluciente espada, y miraba amenazadoramente a Reginleif y los demás.
- Os perdoné la vida una vez, en la entrada del Coliseo. Y me dí cuenta de que ha sido un gran error. –dice Krad.
- Demasiado tarde para arrepentirse. –dice Reginleif.
- Lo es. Pero ahora hemos vuelto a encontrarnos. Y decirme, ¿creéis que hay alguien tan necio como para cometer los mismos errores del pasado? –dice Krad, vacilante.
- No tendrás que cometerlo... ¡Porque no tendrás ocasión! –dice Claire, empuñando su espada.
- Ajá... Ya veo. La traidora será la primera en morir. –dice Krad irónicamente.
- ¡TÚ serás el primero y el único en morir! –grita ella.
Claire tendió a arremeter contra Krad, pero notó una mano sobre su hombro, deteniéndola.
- Quieres pelear contra Knoll y vencerle, ¿no? –dice Reginleif, detrás de ella.
- Sí...
- Entonces, el generalito engreído es comida para mi hermana y para mí. No tienes que cansarte antes de llegar al Pico, nadie sabe de lo que es capaz Knoll.
- ¡Vale! –dice ella, echándose hacia atrás y dejando espacio a Reginleif y Evangeline.
- No me asusta que seas un Eidolancer, te mataré de todos modos. ¡Sefem me recompensará por todo lo alto! –vocifera Krad.
- ¡Zagan! –dice Evangeline, alzando su talismán.
- Doomcaliber, amo de los coliseos, acude a mi llamada. –dice Reginleif.
Apareció el mismo resplandor de siempre, y Reginleif volvió a adoptar la forma del caballero de la gran espada, y Zagan apareció a su lado.
- Así que lo del Ultimate del Hainley era mentira... Bien, todo preparado. Que comience la fiesta. –dice Krad tranquilamente, agarrando su espada con ambas manos.
Una luz roja brillaba en el cuerpo de Krad, y se transformó en un enorme demonio alado de color marrón y negro que portaba una colosal espada.
- Esto es un verdadero Ultimate. –dice Krad.
Zagan arremetió contra él, chocando su enorme hacha con la gigantesca espada de Krad. Ninguno de los dos cedía. Reginleif clavó su espadón en el suelo, y una especie de dragón de humo negro surgió del lugar donde lo había clavado, que alcanzó a Krad en el pecho. Krad cayó al suelo, recuperando su forma humana.
- Encontraré la manera... de parar a un Eidolon... y controlarlo... –dice Krad medio agonizante.
- General Krad... no levantes tu espada contra aquél al que no puedes derrotar. –dice Reginleif fríamente, recobrando la forma humana.
- Ilusos... Khamja nunca va a caer ante tales personas...
- Krad... ¿No te das cuenta de que eres un juguete del Emperador? –dice Claire.
- ¿Yo? ¿Un juguete? Estáis tontos, no sabéis ni lo que decís.
- Esta será tu tumba. –dice Claire levantando la espada.
- Antes habréis de alcanzarme... ¡Absórbeme, Oscuridad! –dice Krad.
Un agujero de sombras apareció en el suelo, escapando Krad a través de él.
- Ha ido a la capital. –dice Claire.
- ¿A la capital? –pregunta Evangeline.
- Los más altos guerreros de Khamja pueden volver a la capital de esa manera cuando quieran.
- ¿Tú también lo hacías? –pregunta Reginleif.
- No, pero Knoll sí, siemp...
Antes de que Claire acabase la frase, un resplandor azul inundó la zona. Parece ser que la luz venía de la montaña más alta del Monte Deran, el Pico de la Luna Fulgurante.
- Eso es... –dice Reginleif.
- El Pico de la Luna Fulgurante. –dice Evangeline.
- Knoll debe de estar ya allí. –dice Claire.
- Y el otro Eidolancer... también. –dice Reginleif.
- ¡Vamos! –grita Evangeline.
Reginleif echó a correr hacia la montaña de donde provenía la luz, Claire y Evangeline le acompañaban. La luz cada vez era más intensa, y de vez en cuando emitía resplandores...
Eidolancer - Capítulo 13
Leryn y Piers se encontraban en la posada, que ya había amanecido.
- Te lo dije. Eve y Claire se han ido con Reginleif. –dice Piers.
- No te preocupes. Estarán bien. Están con un Eidolancer, ¿recuerdas? –responde Leryn.
- En cuanto gane el Coloso vamos a buscarlos.
- ¡Claro! Sé como ir perfectamente al Monte Deran. Seguro que estarán en el Pico de la Luna Fulgurante. Muchas historias de Eidolon vienen de allí. ¡Y no creas que ganarás el Coloso! ¡No pienso cortarme ni un pelo, no podrás conmigo!
- Ja, ja, ja. Pues eso, gano el Coloso y vamos al Monte Deran.
- ¡Veremos quién gana! –se ríe Leryn.
Ambos se prepararon y se dirigieron al Coliseo. Eran ya las últimas batallas, únicamente quedaban 8 guerreros. Y ya no había peligro de Krad, se había retirado. La gente animaba mucho a un tal Bowk, un Assasin que ha ganado varias veces el Coloso. Dio comienzo la ronda de cuartos de final, y afortunadamente Leryn y Piers no tuvieron que enfrentarse, y ninguno se enfrentó al tal Bowk. Pasaron los tres a semifinales, junto a un tal Ryze, un Wizard que nunca antes había participado en un Coloso. Leryn tenía que enfrentarse a Bowk, y Piers a Ryze. Durante el tiempo de preparación, Leryn y Piers salieron fuera.
- Estamos en la final casi. Si pasamos esta ronda, nos enfrentamos en la final. Entonces, te callaré la boca. –dice Leryn.
- ¡O yo a tí! ¡Machacaré al Wizard ese aunque solo sea para demostrarte después que soy el mejor! ¡Ni se te ocurra perder contra ese Assasin! –responde Piers animadamente.
- Lo tengo muy difícil. Las Fighter nos caracterizamos por velocidad más que por fuerza... pero el Assasin es el guerrero más rápido. Además, este Assasin es bueno.
- ¡Tú eres mejor! ¡Quiero que le ganes!
- Vamos a luchar en la final, Piers. Cueste lo que cueste.
- ¡Prometido! ¡Las promesas dan motivación! ¡Voy a ganar el Coloso!
- Eso no puedo afirmártelo, pero sí que nos veremos en la final.
Se oyó la voz que llamó a los primeros combatientes, Bowk y Leryn. Piers le deseó suerte y Leryn entró en la arena, motivada. Al otro lado estaba Bowk, esperando el comienzo de la batalla.
Empezó la batalla, y ambos se quedaron completamente quietos, esperando que el otro ataque. Al ver que Leryn no le atacaba, Bowk empezó a correr hacia ella. Leryn le esperaba, en guardia. Cuando Bowk estaba justo frente a ella, se detuvo en seco, de nuevo a esperar un ataque. Leryn seguía quieta. No quitaba los ojos de las manos de Bowk, ni Bowk dejaba de mirar los pies de Leryn. Ella hizo un suave movimiento con el pie izquierdo. Bowk se esperó una patada, por lo que se movió hacia la derecha y se dispuso a clavarle las cuchillas, pero fue sorprendido por un rodillazo con la pierna derecha, que frenó su ataque, y rematado con una fuerte patada en la cara. Antes de que cayese, Leryn se deslizó por el suelo y puso los pies en alto, de modo que Bowk cayó sobre sus pies. Leryn hizo fuerza con ellos hacia arriba, mandando a Bowk volando. Saltó, y continuó atacándole con patadas continuas en el aire, sin darle ni siquiera tiempo para reaccionar. Lo remató con una fuerte patada en el estómago que lo mandó disparado hacia el suelo. Leryn cayó tras él, y antes de que Bowk pudiese levantarse, presionó su cuello con el pie.
- Se acabó. –le dice Leryn.
- Nada mal. Pero aún no has vencido. Esto empieza ahora. –dice Bowk.
Bowk clavó un cuchillo en el pie de Leryn, haciendo que ésta lo retirase de su cuello, y levantándose. Ágilmente corrió contra ella, golpeándola con sus cuchillas antes de que ella pudiese contraatacar. Leryn cayó al suelo, y Bowk sobre ella, poniendo sus cuchillas sobre su cuello.
- Ahora te digo yo a tí que se acabó, Fighter. Pide tu último deseo. –susurra Bowk.
Leryn, sin contestar ni nada, se agarró con todas sus fuerzas a la espalda Bowk con las piernas, y con la mano derecha golpeó su muñeca haciendo que sus cuchillas cayesen. Bowk hacía un gran esfuerzo por librarse de la opresión, pero le faltaba fuerza. Leryn aflojó un poco, y se levantó rápidamente. Antes de que Bowk se levantase, le acertó en la cabeza con una fuerte patada, que lo hizo caer de nuevo al suelo. Ella se arrodilló encima de Bowk, hundiéndole la rodilla en el estómago, y con el otro pie volvió a apretar su cuello.
- Esto es lucha a muerte, no se acaba hasta que uno muere o se rinde. Y aún estoy vivo. –dice Bowk.
Leryn ignoró ese comentario completamente, y siguió en la posición que estaba. Bowk no podía hacer nada. Pasado un tiempo, cuando Bowk casi ya no podía respirar, levantó débilmente la mano y dijo con una voz muy pálida: “He perdido”. Leryn se apartó inmediatamente de él y le tendió la mano para ayudarle a levantarse, felicitándole por la batalla. Bowk se la rechazó, y simplemente dijo: “Mátame”. Leryn lo miró extrañada, pero antes de que dijesen nada unos soldados se llevaron a Bowk de la arena. Leryn abandonó la arena para reunirse con Piers.
- Buen combate, muy bueno. –le dijo Piers.
- No veas lo que me ha costado. He tenido que aprovechar cruciales milésimas de segundo para atacar. A la mínima, hubiese caído. –responde Leryn.
- Ahora me toca a mí patearle la cabeza al Wizard ese.
- Más te vale.
Se oyó la voz que indicaba el comienzo de la siguiente batalla, Piers contra Ryze. Piers, muy decidido, entró en la arena. El joven Wizard le aguardaba ya allí.
- Te lo dije. Eve y Claire se han ido con Reginleif. –dice Piers.
- No te preocupes. Estarán bien. Están con un Eidolancer, ¿recuerdas? –responde Leryn.
- En cuanto gane el Coloso vamos a buscarlos.
- ¡Claro! Sé como ir perfectamente al Monte Deran. Seguro que estarán en el Pico de la Luna Fulgurante. Muchas historias de Eidolon vienen de allí. ¡Y no creas que ganarás el Coloso! ¡No pienso cortarme ni un pelo, no podrás conmigo!
- Ja, ja, ja. Pues eso, gano el Coloso y vamos al Monte Deran.
- ¡Veremos quién gana! –se ríe Leryn.
Ambos se prepararon y se dirigieron al Coliseo. Eran ya las últimas batallas, únicamente quedaban 8 guerreros. Y ya no había peligro de Krad, se había retirado. La gente animaba mucho a un tal Bowk, un Assasin que ha ganado varias veces el Coloso. Dio comienzo la ronda de cuartos de final, y afortunadamente Leryn y Piers no tuvieron que enfrentarse, y ninguno se enfrentó al tal Bowk. Pasaron los tres a semifinales, junto a un tal Ryze, un Wizard que nunca antes había participado en un Coloso. Leryn tenía que enfrentarse a Bowk, y Piers a Ryze. Durante el tiempo de preparación, Leryn y Piers salieron fuera.
- Estamos en la final casi. Si pasamos esta ronda, nos enfrentamos en la final. Entonces, te callaré la boca. –dice Leryn.
- ¡O yo a tí! ¡Machacaré al Wizard ese aunque solo sea para demostrarte después que soy el mejor! ¡Ni se te ocurra perder contra ese Assasin! –responde Piers animadamente.
- Lo tengo muy difícil. Las Fighter nos caracterizamos por velocidad más que por fuerza... pero el Assasin es el guerrero más rápido. Además, este Assasin es bueno.
- ¡Tú eres mejor! ¡Quiero que le ganes!
- Vamos a luchar en la final, Piers. Cueste lo que cueste.
- ¡Prometido! ¡Las promesas dan motivación! ¡Voy a ganar el Coloso!
- Eso no puedo afirmártelo, pero sí que nos veremos en la final.
Se oyó la voz que llamó a los primeros combatientes, Bowk y Leryn. Piers le deseó suerte y Leryn entró en la arena, motivada. Al otro lado estaba Bowk, esperando el comienzo de la batalla.
Empezó la batalla, y ambos se quedaron completamente quietos, esperando que el otro ataque. Al ver que Leryn no le atacaba, Bowk empezó a correr hacia ella. Leryn le esperaba, en guardia. Cuando Bowk estaba justo frente a ella, se detuvo en seco, de nuevo a esperar un ataque. Leryn seguía quieta. No quitaba los ojos de las manos de Bowk, ni Bowk dejaba de mirar los pies de Leryn. Ella hizo un suave movimiento con el pie izquierdo. Bowk se esperó una patada, por lo que se movió hacia la derecha y se dispuso a clavarle las cuchillas, pero fue sorprendido por un rodillazo con la pierna derecha, que frenó su ataque, y rematado con una fuerte patada en la cara. Antes de que cayese, Leryn se deslizó por el suelo y puso los pies en alto, de modo que Bowk cayó sobre sus pies. Leryn hizo fuerza con ellos hacia arriba, mandando a Bowk volando. Saltó, y continuó atacándole con patadas continuas en el aire, sin darle ni siquiera tiempo para reaccionar. Lo remató con una fuerte patada en el estómago que lo mandó disparado hacia el suelo. Leryn cayó tras él, y antes de que Bowk pudiese levantarse, presionó su cuello con el pie.
- Se acabó. –le dice Leryn.
- Nada mal. Pero aún no has vencido. Esto empieza ahora. –dice Bowk.
Bowk clavó un cuchillo en el pie de Leryn, haciendo que ésta lo retirase de su cuello, y levantándose. Ágilmente corrió contra ella, golpeándola con sus cuchillas antes de que ella pudiese contraatacar. Leryn cayó al suelo, y Bowk sobre ella, poniendo sus cuchillas sobre su cuello.
- Ahora te digo yo a tí que se acabó, Fighter. Pide tu último deseo. –susurra Bowk.
Leryn, sin contestar ni nada, se agarró con todas sus fuerzas a la espalda Bowk con las piernas, y con la mano derecha golpeó su muñeca haciendo que sus cuchillas cayesen. Bowk hacía un gran esfuerzo por librarse de la opresión, pero le faltaba fuerza. Leryn aflojó un poco, y se levantó rápidamente. Antes de que Bowk se levantase, le acertó en la cabeza con una fuerte patada, que lo hizo caer de nuevo al suelo. Ella se arrodilló encima de Bowk, hundiéndole la rodilla en el estómago, y con el otro pie volvió a apretar su cuello.
- Esto es lucha a muerte, no se acaba hasta que uno muere o se rinde. Y aún estoy vivo. –dice Bowk.
Leryn ignoró ese comentario completamente, y siguió en la posición que estaba. Bowk no podía hacer nada. Pasado un tiempo, cuando Bowk casi ya no podía respirar, levantó débilmente la mano y dijo con una voz muy pálida: “He perdido”. Leryn se apartó inmediatamente de él y le tendió la mano para ayudarle a levantarse, felicitándole por la batalla. Bowk se la rechazó, y simplemente dijo: “Mátame”. Leryn lo miró extrañada, pero antes de que dijesen nada unos soldados se llevaron a Bowk de la arena. Leryn abandonó la arena para reunirse con Piers.
- Buen combate, muy bueno. –le dijo Piers.
- No veas lo que me ha costado. He tenido que aprovechar cruciales milésimas de segundo para atacar. A la mínima, hubiese caído. –responde Leryn.
- Ahora me toca a mí patearle la cabeza al Wizard ese.
- Más te vale.
Se oyó la voz que indicaba el comienzo de la siguiente batalla, Piers contra Ryze. Piers, muy decidido, entró en la arena. El joven Wizard le aguardaba ya allí.
Eidolancer - Capítulo 12
Reginleif, Krad y Claire estaban en la arena.
- No me puedo esperar a que esto termine. Me voy, tengo que salvar mi vida, y la del otro Eidolancer. Piers, Leryn, ha sido un placer haberos conocido. Claire, me alegro muchísimo de haberme encontrado contigo después de tantos años. Y hermana, no sabes cuánto me alegro de haberte vuelto a ver. Ahora, sé que estás viva. Adiós, chicos. –dice Reginleif, corriendo fuera del Coliseo.
- ¡Es mentira! ¡Lo que dice Knoll es mentira! –gritó Claire, pero Reginleif ya no podía oírla.
El Coloso siguió. Krad se retiró y desapareció de la estancia. Claire también había desaparecido. Y Evangeline ya no estaba en las gradas. Piers y Leryn siguieron peleando, pasando todas las rondas. Llegó la noche, y Piers y Leryn estaban cansados de pelear. Estaban ya entre los 8 finalistas. Se dirigieron a la posada, hablando por el camino.
- ¿Has visto a Eve? –pregunta Leryn.
- Irá a la posada... Solo espero que no haya sido tan imbécil de seguir a su hermano, que a saber donde estará. –responde Piers.
- Estoy casi segura de que Reginleif ahora va al Monte Deran, creyéndose lo que le dijo ese tal Knoll.
- Estará bien, es un Eidolancer.
- Pero siempre hay que tener cuidado. Con respecto a Claire y Eve, esperemos que esta noche aparezcan en la posada.
- No me extrañaría nada que las dos han seguido a Reginleif.
- Deja de pensar en eso, ¡ya se verá!
Mientras Piers y Leryn volvían a la posada, Reginleif había salido ya de Camus, dirigiéndose al Monte Deran. Pero una conocida voz le detuvo, haciéndole mirar atrás.
- Voy contigo. –dice la voz.
- ¿Claire? –dice Reginleif girándose y reconociéndola.
- Recuerda dos cosas. Que quiero matar a Knoll, y que no tengo ganas de volver a buscarte. –dice Claire sonriendo.
- ¿Pero el Coloso? –pregunta Reginleif.
- Cumplir una venganza y ayudar a un amigo es más importante.
- ¡Yo también voy! –dice otra voz conocida.
Evangeline llegaba corriendo.
- ¿Y Piers y Leryn? ¿Los estáis abandonando?
- Ellos vendrán luego a buscarnos, saben que vas al Monte Deran y sabrán que nosotras te hemos seguido. Además, está relacionado con los Eidolon, por lo tanto también es mi tema. –sonríe Evangeline.
- Gracias... a las dos. –dice Reginleif.
- Ayudar a un amigo no es algo por lo que haya que dar las gracias. –dice Claire.
- Cuidar de tu hermano mayor para que no vuelva a desaparecer durante años tampoco. –dice Evangeline guiñando un ojo.
- ¡Ya nos alcanzarán! –dice Claire.
- Espero que estén bien... –dice Reginleif.
- ¡Lo estarán, hermano! ¡Seguirán el Coloso, se enfrentarán en la final y luego vendrán a buscarnos!
Reginleif no dijo nada, simplemente sonrió. Los tres dejaron Camus atrás, dirigiéndose al Monte Deran.
- No me puedo esperar a que esto termine. Me voy, tengo que salvar mi vida, y la del otro Eidolancer. Piers, Leryn, ha sido un placer haberos conocido. Claire, me alegro muchísimo de haberme encontrado contigo después de tantos años. Y hermana, no sabes cuánto me alegro de haberte vuelto a ver. Ahora, sé que estás viva. Adiós, chicos. –dice Reginleif, corriendo fuera del Coliseo.
- ¡Es mentira! ¡Lo que dice Knoll es mentira! –gritó Claire, pero Reginleif ya no podía oírla.
El Coloso siguió. Krad se retiró y desapareció de la estancia. Claire también había desaparecido. Y Evangeline ya no estaba en las gradas. Piers y Leryn siguieron peleando, pasando todas las rondas. Llegó la noche, y Piers y Leryn estaban cansados de pelear. Estaban ya entre los 8 finalistas. Se dirigieron a la posada, hablando por el camino.
- ¿Has visto a Eve? –pregunta Leryn.
- Irá a la posada... Solo espero que no haya sido tan imbécil de seguir a su hermano, que a saber donde estará. –responde Piers.
- Estoy casi segura de que Reginleif ahora va al Monte Deran, creyéndose lo que le dijo ese tal Knoll.
- Estará bien, es un Eidolancer.
- Pero siempre hay que tener cuidado. Con respecto a Claire y Eve, esperemos que esta noche aparezcan en la posada.
- No me extrañaría nada que las dos han seguido a Reginleif.
- Deja de pensar en eso, ¡ya se verá!
Mientras Piers y Leryn volvían a la posada, Reginleif había salido ya de Camus, dirigiéndose al Monte Deran. Pero una conocida voz le detuvo, haciéndole mirar atrás.
- Voy contigo. –dice la voz.
- ¿Claire? –dice Reginleif girándose y reconociéndola.
- Recuerda dos cosas. Que quiero matar a Knoll, y que no tengo ganas de volver a buscarte. –dice Claire sonriendo.
- ¿Pero el Coloso? –pregunta Reginleif.
- Cumplir una venganza y ayudar a un amigo es más importante.
- ¡Yo también voy! –dice otra voz conocida.
Evangeline llegaba corriendo.
- ¿Y Piers y Leryn? ¿Los estáis abandonando?
- Ellos vendrán luego a buscarnos, saben que vas al Monte Deran y sabrán que nosotras te hemos seguido. Además, está relacionado con los Eidolon, por lo tanto también es mi tema. –sonríe Evangeline.
- Gracias... a las dos. –dice Reginleif.
- Ayudar a un amigo no es algo por lo que haya que dar las gracias. –dice Claire.
- Cuidar de tu hermano mayor para que no vuelva a desaparecer durante años tampoco. –dice Evangeline guiñando un ojo.
- ¡Ya nos alcanzarán! –dice Claire.
- Espero que estén bien... –dice Reginleif.
- ¡Lo estarán, hermano! ¡Seguirán el Coloso, se enfrentarán en la final y luego vendrán a buscarnos!
Reginleif no dijo nada, simplemente sonrió. Los tres dejaron Camus atrás, dirigiéndose al Monte Deran.
Eidolancer - Capítulo 11
Evangeline y Reginleif estaban en las gradas observando las rondas. Había mucho más jaleo que el día anterior, y muchas pancartas de ánimo a Krad.
El Coloso dio comienzo. En la primera ronda, Claire peleó con un Hainley al que no tuvo ninguna dificultad para vencer, por lo que no se cansó prácticamente nada. Leryn se enfrentó a un Sword, al parecer imperial, que tampoco le costó vencer. El Sword casi no pudo golpearla, mientras ella le daba todo lo que quería y más. Krad venció a su oponente, un Shooter, en cuestión de dos sablazos. Eithen, la generala Lancer, venció a uno de su misma categoría. Erk, el general bajito, venció a un Assasin. Pudo verse que era Wizard. Y Naymeel, la generala Fighter, tenía que enfrentarse a Piers.
- Erk, ya sabes. –dice Naymeel al mago.
El mago juntó las manos, y un rayo recorrió el cuerpo de Naymeel.
- Ya está. No nos falles. –dice Erk.
- ¡Graciaaaaaaas! –canturrea ella abrazándolo.
- Te mato.. –dice Erk, que había caído al suelo paralizado al recibir el abrazo.
- ¡Funcionaaaa! –dice ella corriendo hacia la arena.
Piers y Naymeel estaban ya preparados en la arena. Los amigos de Piers le hicieron un gesto deseándole buena suerte. El árbitro disparó la bala. Piers agarró su hacha y esperó quieto en su sitio. Naymeel corrió y saltó sobre él como la última vez, pero fue rechazada con el hacha. Ella rodó por el suelo para recuperar la caída, y volvió a levantarse. Piers seguía quieto. De tanto entrenar con Leryn, sabía que era totalmente inútil arremeter contra una Fighter. Naymeel corrió otra vez hacia Piers. Cuando el hacha iba a rechazarla, ella pegó un salto y se subió en el hacha. Desde ahí, saltó al aire y alcanzó la frente de Piers con una ágil patada. Saltaron chispas en el lugar del golpe, y Piers cayó paralizado al suelo. Naymeel cayó encima, inmovilizándole como dos días antes en la entrada del Coloso.
- Está hechizada. –dice Reginleif a su hermana, que se encontraba al lado en la grada.
- Un encantamiento de un Wizard, ¿no?
- Mientras ella esté encima, Piers no se va a levantar. Está totalmente paralizado, y la electricidad que hay en el cuerpo de Naymeel no dejará de afectarse si no la aparta. Pero no puede apartarla, porque no puede moverse... ni podrá.
- ¡Eso es trampa!
- Eve, hermana, recuerda lo que hiciste en la entrada del Coloso.
- ¿Qué?
- Lo que Krad creyó que era el Ultimate de Piers.
- Entiendo... ¡Zagan!
Zagan apareció al lado de Piers, que de un hachazo aparto a Naymeel de él. Ella volvió a saltar sobre él para que la electricidad no perdiese efecto, pero Zagan lo impidió. Piers se recuperó y se levantó. Esta vez estaba seguro, y arremetió contra ella. Ella lo esquivó con un ágil movimiento y lanzó otra patada, pero no llegó a darle porque Zagan lanzó su enorme hacha, que derribó a Naymeel al suelo. Piers, aprovechando esta situación, la atacó con su hacha, cortándole la cabeza.
- ¡El Hainley Piers venció el combate! –dijo una voz de fondo.
Evangeline retiró a Zagan aliviada.
- Hermano, recuerda que el combate lo he ganado yo y no Piers –guiña el ojo.
- Los tres en la siguiente ronda. –dice Reginleif.
Terminaron los combates que quedaban, y dió comienzo la siguiente ronda. Piers esta vez lo tuvo facilísimo, se enfrentó a un Priest, que había pasado la primera ronda porque su oponente era otro Priest. Leryn tumbó a un Orc, con cierta dificultad. Krad tuvo que enfrentarse a su compañera Lancer, a la que mató sin remordimiento ninguno. Y Claire peleó contra Erk, el mago.
- Sé que eres tú, traidora. –le dice Erk.
- No vas a salir vivo de aquí. Y pronto le llegará el turno a Knoll. Pagaréis por Veigar.
- ¡El Emperador me recompensará por haber acabado con la traidora!
Erk comenzó enviando una columna de fuego contra Claire seguida de una ventisca de hielo. Ella esquivó la columna de fuego, pero la ventisca le impedía llegar a Erk. Este liberó una lluvia de truenos que dejaron a Claire casi derrotada, pero ella en el último momento arrojó la espada a Erk, que con suerte, le acertó en el pecho, matándolo. De repente, el suelo tomó un color negro y una figura salió del suelo, en medio del campo de batalla.
- Camus pertenece a Khamja. –dice el encapuchado.
- ¡Tú! –dice Claire mirándolo con asco.
- Se acabó el Coloso. –dice Krad, corriendo hacia el centro de la arena.
- Eidolancer, sé que estás en alguna parte de este Coliseo. Entrégame tu talismán y no te sucederá nada. –dice el encapuchado.
- Maldito... –dice Reginleif.
- ¡No vayas! –dice Evangeline parándolo.
- Van a matar a Claire. Y a un montón de gente inocente de Camus.
- ¡Eidolancer, sal ya! –dice el encapuchado.
- Traidora, ha llegado tu hora. –dice Krad.
El suelo tomó de nuevo un color negro, que desapareció en breve.
- Krad, encárgate de la traidora. La teoría de Hao era cierta, acaba de comunicármelo. He de irme. –dice el encapuchado.
- ¡No huyas! –dice Claire.
- Tu amigo no es el único Eidolancer, Aiko.
Reginleif, al oír esto, saltó de golpe a la arena.
- ¿Qué has dicho, Druid?
- Hola, Eidolancer. –saluda el Druid.
- ¿Cómo que no soy el único Eidolancer?
- Verás, es muy sencillo. Existe otro. Son dos los Eidolancer que quedan por el mundo. ¿O no has pillado lo que te querían decir los Eidolon siempre?
- ¿Y eso qué quiere decir? –pregunta Reginleif.
- Que los Eidolon dependen de vosotros dos para vivir, al igual que vosotros de ellos. Es un ciclo cerrado. Por lo tanto, si algo le pasa al otro Eidolancer, le pasará a los Eidolon. Y si algo le pasa a los Eidolon, te pasa a tí. Entrégame tu talismán y no ocurrirá nada. –dice el encapuchado.
- ¡Reginleif, no le creas! ¡Es Knoll, es el que me engañó diciendo que te encontraría! ¡No le des el talismán! –grita Claire.
- Cuánto tiempo ha pasado, Aiko. Desde que te encontré en las afueras de Veigar, buscando a tu amigo. Aunque ahora vas a contemplar como muere lenta y dolorosamente –dice Knoll.
- ¡IMBÉCIL! –grita Claire arremetiendo con su espada contra Knoll.
- Cada cual a su sitio. –dice Krad parando a Claire.
- Tu talismán, Eidolancer. –dice Knoll.
- ¡NO SE LO DES! –grita Evangeline desde la grada.
Reginleif cerró los ojos, dispuesto a llamar a un Eidolon para absorber su fuerza.
- ¿No quieres darme el talismán? Tranquilo, no pasa nada, no habrán peleas. El otro Eidolancer está en el Monte Deran. Y yo me voy ahora mismito para allá. Despídete de tu vida, no le queda mucho, Eidolancer. –dice Knoll desapareciendo entre las sombras.
Todas las personas que había en el Coliseo dirigían sus miradas a la arena, asombrados, asustados, quizá atemorizados...
El Coloso dio comienzo. En la primera ronda, Claire peleó con un Hainley al que no tuvo ninguna dificultad para vencer, por lo que no se cansó prácticamente nada. Leryn se enfrentó a un Sword, al parecer imperial, que tampoco le costó vencer. El Sword casi no pudo golpearla, mientras ella le daba todo lo que quería y más. Krad venció a su oponente, un Shooter, en cuestión de dos sablazos. Eithen, la generala Lancer, venció a uno de su misma categoría. Erk, el general bajito, venció a un Assasin. Pudo verse que era Wizard. Y Naymeel, la generala Fighter, tenía que enfrentarse a Piers.
- Erk, ya sabes. –dice Naymeel al mago.
El mago juntó las manos, y un rayo recorrió el cuerpo de Naymeel.
- Ya está. No nos falles. –dice Erk.
- ¡Graciaaaaaaas! –canturrea ella abrazándolo.
- Te mato.. –dice Erk, que había caído al suelo paralizado al recibir el abrazo.
- ¡Funcionaaaa! –dice ella corriendo hacia la arena.
Piers y Naymeel estaban ya preparados en la arena. Los amigos de Piers le hicieron un gesto deseándole buena suerte. El árbitro disparó la bala. Piers agarró su hacha y esperó quieto en su sitio. Naymeel corrió y saltó sobre él como la última vez, pero fue rechazada con el hacha. Ella rodó por el suelo para recuperar la caída, y volvió a levantarse. Piers seguía quieto. De tanto entrenar con Leryn, sabía que era totalmente inútil arremeter contra una Fighter. Naymeel corrió otra vez hacia Piers. Cuando el hacha iba a rechazarla, ella pegó un salto y se subió en el hacha. Desde ahí, saltó al aire y alcanzó la frente de Piers con una ágil patada. Saltaron chispas en el lugar del golpe, y Piers cayó paralizado al suelo. Naymeel cayó encima, inmovilizándole como dos días antes en la entrada del Coloso.
- Está hechizada. –dice Reginleif a su hermana, que se encontraba al lado en la grada.
- Un encantamiento de un Wizard, ¿no?
- Mientras ella esté encima, Piers no se va a levantar. Está totalmente paralizado, y la electricidad que hay en el cuerpo de Naymeel no dejará de afectarse si no la aparta. Pero no puede apartarla, porque no puede moverse... ni podrá.
- ¡Eso es trampa!
- Eve, hermana, recuerda lo que hiciste en la entrada del Coloso.
- ¿Qué?
- Lo que Krad creyó que era el Ultimate de Piers.
- Entiendo... ¡Zagan!
Zagan apareció al lado de Piers, que de un hachazo aparto a Naymeel de él. Ella volvió a saltar sobre él para que la electricidad no perdiese efecto, pero Zagan lo impidió. Piers se recuperó y se levantó. Esta vez estaba seguro, y arremetió contra ella. Ella lo esquivó con un ágil movimiento y lanzó otra patada, pero no llegó a darle porque Zagan lanzó su enorme hacha, que derribó a Naymeel al suelo. Piers, aprovechando esta situación, la atacó con su hacha, cortándole la cabeza.
- ¡El Hainley Piers venció el combate! –dijo una voz de fondo.
Evangeline retiró a Zagan aliviada.
- Hermano, recuerda que el combate lo he ganado yo y no Piers –guiña el ojo.
- Los tres en la siguiente ronda. –dice Reginleif.
Terminaron los combates que quedaban, y dió comienzo la siguiente ronda. Piers esta vez lo tuvo facilísimo, se enfrentó a un Priest, que había pasado la primera ronda porque su oponente era otro Priest. Leryn tumbó a un Orc, con cierta dificultad. Krad tuvo que enfrentarse a su compañera Lancer, a la que mató sin remordimiento ninguno. Y Claire peleó contra Erk, el mago.
- Sé que eres tú, traidora. –le dice Erk.
- No vas a salir vivo de aquí. Y pronto le llegará el turno a Knoll. Pagaréis por Veigar.
- ¡El Emperador me recompensará por haber acabado con la traidora!
Erk comenzó enviando una columna de fuego contra Claire seguida de una ventisca de hielo. Ella esquivó la columna de fuego, pero la ventisca le impedía llegar a Erk. Este liberó una lluvia de truenos que dejaron a Claire casi derrotada, pero ella en el último momento arrojó la espada a Erk, que con suerte, le acertó en el pecho, matándolo. De repente, el suelo tomó un color negro y una figura salió del suelo, en medio del campo de batalla.
- Camus pertenece a Khamja. –dice el encapuchado.
- ¡Tú! –dice Claire mirándolo con asco.
- Se acabó el Coloso. –dice Krad, corriendo hacia el centro de la arena.
- Eidolancer, sé que estás en alguna parte de este Coliseo. Entrégame tu talismán y no te sucederá nada. –dice el encapuchado.
- Maldito... –dice Reginleif.
- ¡No vayas! –dice Evangeline parándolo.
- Van a matar a Claire. Y a un montón de gente inocente de Camus.
- ¡Eidolancer, sal ya! –dice el encapuchado.
- Traidora, ha llegado tu hora. –dice Krad.
El suelo tomó de nuevo un color negro, que desapareció en breve.
- Krad, encárgate de la traidora. La teoría de Hao era cierta, acaba de comunicármelo. He de irme. –dice el encapuchado.
- ¡No huyas! –dice Claire.
- Tu amigo no es el único Eidolancer, Aiko.
Reginleif, al oír esto, saltó de golpe a la arena.
- ¿Qué has dicho, Druid?
- Hola, Eidolancer. –saluda el Druid.
- ¿Cómo que no soy el único Eidolancer?
- Verás, es muy sencillo. Existe otro. Son dos los Eidolancer que quedan por el mundo. ¿O no has pillado lo que te querían decir los Eidolon siempre?
- ¿Y eso qué quiere decir? –pregunta Reginleif.
- Que los Eidolon dependen de vosotros dos para vivir, al igual que vosotros de ellos. Es un ciclo cerrado. Por lo tanto, si algo le pasa al otro Eidolancer, le pasará a los Eidolon. Y si algo le pasa a los Eidolon, te pasa a tí. Entrégame tu talismán y no ocurrirá nada. –dice el encapuchado.
- ¡Reginleif, no le creas! ¡Es Knoll, es el que me engañó diciendo que te encontraría! ¡No le des el talismán! –grita Claire.
- Cuánto tiempo ha pasado, Aiko. Desde que te encontré en las afueras de Veigar, buscando a tu amigo. Aunque ahora vas a contemplar como muere lenta y dolorosamente –dice Knoll.
- ¡IMBÉCIL! –grita Claire arremetiendo con su espada contra Knoll.
- Cada cual a su sitio. –dice Krad parando a Claire.
- Tu talismán, Eidolancer. –dice Knoll.
- ¡NO SE LO DES! –grita Evangeline desde la grada.
Reginleif cerró los ojos, dispuesto a llamar a un Eidolon para absorber su fuerza.
- ¿No quieres darme el talismán? Tranquilo, no pasa nada, no habrán peleas. El otro Eidolancer está en el Monte Deran. Y yo me voy ahora mismito para allá. Despídete de tu vida, no le queda mucho, Eidolancer. –dice Knoll desapareciendo entre las sombras.
Todas las personas que había en el Coliseo dirigían sus miradas a la arena, asombrados, asustados, quizá atemorizados...
Eidolancer - Capítulo 10
Claire y Leryn llamaron a los que llegaban de ver la ciudad desde detrás de un árbol. Escucharon atentamente la conversación de los generales.
- Así que un Sword, un Wizard, una Fighter y una Lancer. –dijo el soldado.
- Sí. Ahora, ya me estás diciendo cuándo son las preliminares. –responde el más alto de todos.
- Krad, no te pases. Perdone, señor. Khamja no busca problemas. –dice el más bajo.
- Eeeeerk, ¡recuerda que sí los buscamoooos! –dice una voz canturreante.
- Erk, Naymeel, callaos ya. –dice el grande.
- El Coloso es nuestro. –dice la Lancer que había con ellos.
Piers no pudo contener la risa, y soltó una carcajada.
- ¿Quién anda ahí? –dice Krad, el más grande de los generales.
- El ganador del Coloso –dice Piers, saliendo de detrás del árbol.
- ¿Has oído lo que decíamos? –pregunta Krad.
- Lo que decíais y más –dice Piers riéndose.
- Encargáos de él. –dice Krad.
- ¡A la ordeeeen!
La Fighter saltó sobre Piers, derribándolo e inmovilizándolo con las piernas. El Wizard creó un anillo de fuego a su alrededor. La Lancer saltó, y caía en picado para clavar la lanza en el cuello de Piers.
- ¡Piers! –dice Leryn, preparándose para saltar de detrás del árbol y ayudarle.
- Espera. –dice Reginleif sujetándola del brazo- Hermana, a ver tus Eidolon.
- ¡Piers, te ayudaré! ¡Zagan! –dice Evangeline agarrando su talismán.
Una luz apareció en el suelo, y Zagan surgió de ella. Arremetió contra los generales apartando a la Fighter de Piers, saliendo ésta despedida. Piers, que ya podía moverse, rechazó el ataque de la Lancer con un barrido de su hacha. La Fighter volvió a saltar sobre Piers, pero el hacha de Zagan la mandó volando antes de que llegase a tocarlo. La Lancer saltó de nuevo, pero antes de que llegase al punto más alto del salto Piers había lanzado sus dos hachas pequeñas, haciéndola caer.
- Basta. No quiero que os canséis. –dice Krad a los generales.
- Ojalá nos enfrentemos en el torneo, necio Hainley, ¡no tendré piedad! En una pelea justa tú y yo solos no puedes conmigo, si no es por la invocación te hubiese asfixiado. –dice la Fighter con una voz chillona.
- Soñar es gratis, Fighter. –le dice Piers.
- Erk, Naymeel, Eithen, retiraos.
Los tres generales obedecieron, y se alejaron dejando a Krad solo.
- Ahora dime, Hainley. ¿De dónde sale ese Eidolon?
- Ni idea.
- Invocadora, sal de donde estés.
- Aquí no hay ninguna invocadora.
- La Última Invocadora... está aquí. Sal de donde estés, por tu bien. –dice Krad amenazadoramente.
Evangeline se dispuso a salir.
- No salgas, los otros tres están acechando. –dice Leryn.
- Y aquí estás tú, Piers, Claire y Reginleif. Además, aún no he retirado a Zagan.
- Haz caso de lo que te dice, hermana.
- Mala espina me da esto... –dice Evangeline.
- Confía en nosotros. –dice Reginleif.
- Vale... –dice Evangeline retirando a Zagan.
- ¿Ves como eso no es un Eidolon? –dice Piers viendo como desaparece Zagan.
- ¿Lo estabas controlando tú? –pregunta Krad.
- Así es. Es un simple monstruo.
- Un Hainley con ultrapoderes... ¿Es ese tu Ultimate?
- No voy a dar pistas, y menos a un imperial.
- Veremos a ver cómo acaba el Coloso. Disfruta de tus últimos momentos de vida, Hainley. –dice Krad dándole la espalda y marchándose.
- ¿Ultimate? –pregunta Evangeline.
- Cuando un guerrero tiene mucho poder y experiencia, desarrolla un cambio sobrenatural. Ese cambio puede ser de millones de tipos, desde ataques y aumentos hasta pequeñas invocaciones. Cuanto más poderoso sea el espíritu del guerrero, más poderoso será su Ultimate. –dice Leryn.
- ¿Entonces el imperial se ha tragado que mi Zagan era el Ultimate de Piers? –dice Evangeline riéndose.
- Eso parece. –se ríe Piers.
- Parece que serán duros rivales. –dice Claire.
- Para nada. No te preocupes por esos... ¡Deberías preocuparte por mí! –dice Piers riéndose.
- Bueno, mañana son las preliminares, ¿no creéis que deberíais descansar? –dice Reginleif.
- Tienes razón, vayamos a la posada.
Los cinco dejaron la entrada del Coliseo, y se fueron a la posada, donde se acostaron y durmieron hasta que unas fuertes campanas los despertaron. Reginleif se levantó, y vió a su hermana que estaba en la cama de enfrente durmiendo.
- ¡Hermana! ¡Nos perdemos las preliminares! –dice Reginleif.
- Pero nosotros no participamos... –dice Evangeline.
- Da igual, quiero ver perder a ese tal Krad.
Evangeline se levantó de mala gana, y ella y su hermano fueron al Coliseo, sentándose en las gradas. Había muchísima gente, de todo el mundo, que se reunía en Camus para ver el Coloso. Unos chavales pasaban por las gradas con unas bandejas recogiendo dinero para apuestas. Sin duda, Krad era el favorito. Todos apostaban que pasarían las preliminares.
- ¡Queridos participantes! Sois más de 300 los que os habéis inscrito, pero recordad que solo los 64 mejores disputarán el Coloso. Los 64 que obtengan la mayor puntuación serán los participantes del Coloso de este año. ¡Que den comienzo las preliminares!
Todo el día se pasó en las rondas preliminares. Duraban poco, pero eran muchísimos participantes. Como era de esperar, Krad se hizo una puntuación magnífica. Los otros tres generales también pasaron las rondas sin ningún problema. Leryn, Piers y Claire también. Por la noche, los cinco se reunieron en la posada.
- ¡Fantástico! ¡Estáis todos en el Coloso! –dice Evangeline.
- Era de esperar, es más, yo ya lo sabía. –dice Reginleif.
- Las preliminares han sido el entrenamiento que necesitaba –dice Piers.
- Mañana empiezan los enfrentamientos, espero no enfrentarme con vosotros en la primera ronda. –dice Leryn.
- De lo contrario habrás perdido –se ríe Piers.
Los cinco se echaron a dormir. Fueron despertados de nuevo por las campanas. Ya no eran las rondas preliminares... ya tenían que enfrentarse a otros guerreros. Claire, Leryn y Piers estaban más que preparados.
- Así que un Sword, un Wizard, una Fighter y una Lancer. –dijo el soldado.
- Sí. Ahora, ya me estás diciendo cuándo son las preliminares. –responde el más alto de todos.
- Krad, no te pases. Perdone, señor. Khamja no busca problemas. –dice el más bajo.
- Eeeeerk, ¡recuerda que sí los buscamoooos! –dice una voz canturreante.
- Erk, Naymeel, callaos ya. –dice el grande.
- El Coloso es nuestro. –dice la Lancer que había con ellos.
Piers no pudo contener la risa, y soltó una carcajada.
- ¿Quién anda ahí? –dice Krad, el más grande de los generales.
- El ganador del Coloso –dice Piers, saliendo de detrás del árbol.
- ¿Has oído lo que decíamos? –pregunta Krad.
- Lo que decíais y más –dice Piers riéndose.
- Encargáos de él. –dice Krad.
- ¡A la ordeeeen!
La Fighter saltó sobre Piers, derribándolo e inmovilizándolo con las piernas. El Wizard creó un anillo de fuego a su alrededor. La Lancer saltó, y caía en picado para clavar la lanza en el cuello de Piers.
- ¡Piers! –dice Leryn, preparándose para saltar de detrás del árbol y ayudarle.
- Espera. –dice Reginleif sujetándola del brazo- Hermana, a ver tus Eidolon.
- ¡Piers, te ayudaré! ¡Zagan! –dice Evangeline agarrando su talismán.
Una luz apareció en el suelo, y Zagan surgió de ella. Arremetió contra los generales apartando a la Fighter de Piers, saliendo ésta despedida. Piers, que ya podía moverse, rechazó el ataque de la Lancer con un barrido de su hacha. La Fighter volvió a saltar sobre Piers, pero el hacha de Zagan la mandó volando antes de que llegase a tocarlo. La Lancer saltó de nuevo, pero antes de que llegase al punto más alto del salto Piers había lanzado sus dos hachas pequeñas, haciéndola caer.
- Basta. No quiero que os canséis. –dice Krad a los generales.
- Ojalá nos enfrentemos en el torneo, necio Hainley, ¡no tendré piedad! En una pelea justa tú y yo solos no puedes conmigo, si no es por la invocación te hubiese asfixiado. –dice la Fighter con una voz chillona.
- Soñar es gratis, Fighter. –le dice Piers.
- Erk, Naymeel, Eithen, retiraos.
Los tres generales obedecieron, y se alejaron dejando a Krad solo.
- Ahora dime, Hainley. ¿De dónde sale ese Eidolon?
- Ni idea.
- Invocadora, sal de donde estés.
- Aquí no hay ninguna invocadora.
- La Última Invocadora... está aquí. Sal de donde estés, por tu bien. –dice Krad amenazadoramente.
Evangeline se dispuso a salir.
- No salgas, los otros tres están acechando. –dice Leryn.
- Y aquí estás tú, Piers, Claire y Reginleif. Además, aún no he retirado a Zagan.
- Haz caso de lo que te dice, hermana.
- Mala espina me da esto... –dice Evangeline.
- Confía en nosotros. –dice Reginleif.
- Vale... –dice Evangeline retirando a Zagan.
- ¿Ves como eso no es un Eidolon? –dice Piers viendo como desaparece Zagan.
- ¿Lo estabas controlando tú? –pregunta Krad.
- Así es. Es un simple monstruo.
- Un Hainley con ultrapoderes... ¿Es ese tu Ultimate?
- No voy a dar pistas, y menos a un imperial.
- Veremos a ver cómo acaba el Coloso. Disfruta de tus últimos momentos de vida, Hainley. –dice Krad dándole la espalda y marchándose.
- ¿Ultimate? –pregunta Evangeline.
- Cuando un guerrero tiene mucho poder y experiencia, desarrolla un cambio sobrenatural. Ese cambio puede ser de millones de tipos, desde ataques y aumentos hasta pequeñas invocaciones. Cuanto más poderoso sea el espíritu del guerrero, más poderoso será su Ultimate. –dice Leryn.
- ¿Entonces el imperial se ha tragado que mi Zagan era el Ultimate de Piers? –dice Evangeline riéndose.
- Eso parece. –se ríe Piers.
- Parece que serán duros rivales. –dice Claire.
- Para nada. No te preocupes por esos... ¡Deberías preocuparte por mí! –dice Piers riéndose.
- Bueno, mañana son las preliminares, ¿no creéis que deberíais descansar? –dice Reginleif.
- Tienes razón, vayamos a la posada.
Los cinco dejaron la entrada del Coliseo, y se fueron a la posada, donde se acostaron y durmieron hasta que unas fuertes campanas los despertaron. Reginleif se levantó, y vió a su hermana que estaba en la cama de enfrente durmiendo.
- ¡Hermana! ¡Nos perdemos las preliminares! –dice Reginleif.
- Pero nosotros no participamos... –dice Evangeline.
- Da igual, quiero ver perder a ese tal Krad.
Evangeline se levantó de mala gana, y ella y su hermano fueron al Coliseo, sentándose en las gradas. Había muchísima gente, de todo el mundo, que se reunía en Camus para ver el Coloso. Unos chavales pasaban por las gradas con unas bandejas recogiendo dinero para apuestas. Sin duda, Krad era el favorito. Todos apostaban que pasarían las preliminares.
- ¡Queridos participantes! Sois más de 300 los que os habéis inscrito, pero recordad que solo los 64 mejores disputarán el Coloso. Los 64 que obtengan la mayor puntuación serán los participantes del Coloso de este año. ¡Que den comienzo las preliminares!
Todo el día se pasó en las rondas preliminares. Duraban poco, pero eran muchísimos participantes. Como era de esperar, Krad se hizo una puntuación magnífica. Los otros tres generales también pasaron las rondas sin ningún problema. Leryn, Piers y Claire también. Por la noche, los cinco se reunieron en la posada.
- ¡Fantástico! ¡Estáis todos en el Coloso! –dice Evangeline.
- Era de esperar, es más, yo ya lo sabía. –dice Reginleif.
- Las preliminares han sido el entrenamiento que necesitaba –dice Piers.
- Mañana empiezan los enfrentamientos, espero no enfrentarme con vosotros en la primera ronda. –dice Leryn.
- De lo contrario habrás perdido –se ríe Piers.
Los cinco se echaron a dormir. Fueron despertados de nuevo por las campanas. Ya no eran las rondas preliminares... ya tenían que enfrentarse a otros guerreros. Claire, Leryn y Piers estaban más que preparados.
Eidolancer - Capítulo 9
Al fondo de un dorado campo, se podía distinguir ya Camus, la ciudad portuaria. Se distinguía por el Coliseo, edificio más alto y grande de la ciudad. Reginleif y los demás cada vez estaban más cerca, y Piers parecía totalmente preparado para el Coloso. Unos viajeros pasaron por su lado, también camino de Camus para participar en el Coloso. Parecía que tenían prisa.
Tras un largo paseo, los chicos estaban en la entrada de Camus.
- ¿Venís a participar en el Coloso? –pregunta un guardia que había en la puerta de la muralla.
- Así es, pero no todos. –responde Piers.
- Adelante. Quedan dos días para que de comienzo el Coloso. Las inscripciones son en el mismo Coliseo, yo que vosotros me daría prisa.
- ¡CORRIENDO! –vocea Piers.
Piers echó a correr hacia el Coliseo. Los demás le siguieron de mala gana. Un cartel decía que para apuntarse había que decir nombre, raza y edad al soldado que había en la puerta del Coliseo.
- Piers. Hainley, 24 años ¡APUNTA!. –dice Piers al soldado que había en la puerta apuntando nombres.
- Apuntado pues.
- Leryn. Fighter, 21 años. –dice Leryn aproximándose al soldado.
- Apuntada.
- ¿QUÉ? ¿TÚ? ¿TÚ EN ESTO? –pregunta sorprendido Piers.
- Si ganas el Coloso, no podrás decir que no te has tenido que esforzar. Porque para ganarme a mí tendrás que esforzarte mucho, no te lo pondré nada fácil –dice Leryn guiñando el ojo.
- ¡Si no vas a pasar de la primera ronda!
- Eso lo veremos –sonríe Leryn.
- Claire. Sword, 19 años. –dice Claire acercándose al soldado.
- Todos apuntados. Recordad, mañana son las preliminares. Pasado mañana dará comienzo el Coloso. Podéis aprovechar para entrenar y ver la ciudad mientras.
- ¡No necesito entrenar! ¡Voy a ganar sí o sí! –dice Piers.
- Despierta, tío, despierta. –le responde Leryn.
- ¿Vosotros no os inscribís? –dice el soldado a Reginleif y Evangeline.
- Paso. –responde Reginleif con frialdad.
- Voy a entrenar un poco. Piers, Claire, creo que deberíais hacer lo mismo. –dice Leryn.
- Tienes razón. –responde Claire.
- Yo voy a dar una vuelta por la ciudad –dice Reginleif.
- ¡Voy contigo, hermano! –dice Evangeline.
- ¡Y yo con vosotros! –dice Piers- ¡Entrenar es de novatos! Además, si algún imperial merodea por ahí y se encuentra con el último Eidolancer y la última Invocadora, ¡nos quedamos sin chiquilla y sin peliazul!
- Haz caso a Leryn, Piers. Reginleif descuartizó a un centenar de imperiales en Campo Glacial en cuestión de segundos. ¿Crees que “algún imperial que merodee por ahí” va a cogerle? –le dice Claire.
- Sigo pensando que entrenar es de novatos. ¡Vamos a ver qué tiene esta ciudad por ahí! Quedamos a la noche aquí mismo. –responde Piers.
- Claire, es así siempre que se le mete algo en la cabeza, tú no te preocupes. –dice Evangeline sonriendo.
Evangeline, Reginleif y Piers se alejaron por la calle principal de la ciudad, mientras que Leryn y Claire se dirigían a un descampado, a entrenarse.
- ¡Hamburguesas! –dice Piers señalando un puesto que había en la calle.
- ¡Me apetece un perrito caliente! –dice Evangeline.
- A zampar que toca. –dice Reginleif- Yo me pillaré otra hamburguesa.
- ¡Tú, el de detrás del puesto! ¡Marchando dos hamburguesas y un perrito caliente, YA! –dice Piers acercándose al puesto.
- Ahora mismo. –dice el vendedor.
- Aquí tienes. –dicen Evangeline y Reginleif sacando unas monedas.
- Gracias. –dice el vendedor.
- Anda, toma. –dice Piers pagándole al vendedor con toda la chatarreja de sus bolsillos- Dos pájaros de un tiro, me deschatarro y me zampo una hamburguesa.
Los tres se sentaron en un banco a comerse lo que se habían comprado.
- ¡Está bueno! –dice Evangeline comiendo.
- ¡Y la hamburguesa! –responde Reginleif.
- Es comestible. –dice Piers engullendo la hamburguesa de un bocado- ¡LENTOS!
- Mañana tienes las preliminares del Coloso y tú aquí, zampando como un gordo tocinero. –dice Evangeline.
- ¡Reviento a todos los del Coloso como me dé la gana! –dice Piers.
- Sabes que Leryn está a tu misma altura, y ella va a ir más entrenada...
- A esa se la van a liquidar en la primera ronda, ¡ya verás!
- Al menos, confianza en tí mismo no te falta... –dice Reginleif.
- ¡Claro que no! Si piensas en la victoria, hay posibilidad de perder. Si piensas en la derrota, no hay posibilidad de ganar. ¿Lo captas? –sonríe Piers mirando a Reginleif.
- Lo capto. –dice Reginleif sonriendo.
La noche se acercaba. Piers, Evangeline y Reginleif se dirigieron a la entrada del Coliseo, a reunirse con Claire y Leryn. Los generales imperiales estaban apuntándose en ese momento...
Tras un largo paseo, los chicos estaban en la entrada de Camus.
- ¿Venís a participar en el Coloso? –pregunta un guardia que había en la puerta de la muralla.
- Así es, pero no todos. –responde Piers.
- Adelante. Quedan dos días para que de comienzo el Coloso. Las inscripciones son en el mismo Coliseo, yo que vosotros me daría prisa.
- ¡CORRIENDO! –vocea Piers.
Piers echó a correr hacia el Coliseo. Los demás le siguieron de mala gana. Un cartel decía que para apuntarse había que decir nombre, raza y edad al soldado que había en la puerta del Coliseo.
- Piers. Hainley, 24 años ¡APUNTA!. –dice Piers al soldado que había en la puerta apuntando nombres.
- Apuntado pues.
- Leryn. Fighter, 21 años. –dice Leryn aproximándose al soldado.
- Apuntada.
- ¿QUÉ? ¿TÚ? ¿TÚ EN ESTO? –pregunta sorprendido Piers.
- Si ganas el Coloso, no podrás decir que no te has tenido que esforzar. Porque para ganarme a mí tendrás que esforzarte mucho, no te lo pondré nada fácil –dice Leryn guiñando el ojo.
- ¡Si no vas a pasar de la primera ronda!
- Eso lo veremos –sonríe Leryn.
- Claire. Sword, 19 años. –dice Claire acercándose al soldado.
- Todos apuntados. Recordad, mañana son las preliminares. Pasado mañana dará comienzo el Coloso. Podéis aprovechar para entrenar y ver la ciudad mientras.
- ¡No necesito entrenar! ¡Voy a ganar sí o sí! –dice Piers.
- Despierta, tío, despierta. –le responde Leryn.
- ¿Vosotros no os inscribís? –dice el soldado a Reginleif y Evangeline.
- Paso. –responde Reginleif con frialdad.
- Voy a entrenar un poco. Piers, Claire, creo que deberíais hacer lo mismo. –dice Leryn.
- Tienes razón. –responde Claire.
- Yo voy a dar una vuelta por la ciudad –dice Reginleif.
- ¡Voy contigo, hermano! –dice Evangeline.
- ¡Y yo con vosotros! –dice Piers- ¡Entrenar es de novatos! Además, si algún imperial merodea por ahí y se encuentra con el último Eidolancer y la última Invocadora, ¡nos quedamos sin chiquilla y sin peliazul!
- Haz caso a Leryn, Piers. Reginleif descuartizó a un centenar de imperiales en Campo Glacial en cuestión de segundos. ¿Crees que “algún imperial que merodee por ahí” va a cogerle? –le dice Claire.
- Sigo pensando que entrenar es de novatos. ¡Vamos a ver qué tiene esta ciudad por ahí! Quedamos a la noche aquí mismo. –responde Piers.
- Claire, es así siempre que se le mete algo en la cabeza, tú no te preocupes. –dice Evangeline sonriendo.
Evangeline, Reginleif y Piers se alejaron por la calle principal de la ciudad, mientras que Leryn y Claire se dirigían a un descampado, a entrenarse.
- ¡Hamburguesas! –dice Piers señalando un puesto que había en la calle.
- ¡Me apetece un perrito caliente! –dice Evangeline.
- A zampar que toca. –dice Reginleif- Yo me pillaré otra hamburguesa.
- ¡Tú, el de detrás del puesto! ¡Marchando dos hamburguesas y un perrito caliente, YA! –dice Piers acercándose al puesto.
- Ahora mismo. –dice el vendedor.
- Aquí tienes. –dicen Evangeline y Reginleif sacando unas monedas.
- Gracias. –dice el vendedor.
- Anda, toma. –dice Piers pagándole al vendedor con toda la chatarreja de sus bolsillos- Dos pájaros de un tiro, me deschatarro y me zampo una hamburguesa.
Los tres se sentaron en un banco a comerse lo que se habían comprado.
- ¡Está bueno! –dice Evangeline comiendo.
- ¡Y la hamburguesa! –responde Reginleif.
- Es comestible. –dice Piers engullendo la hamburguesa de un bocado- ¡LENTOS!
- Mañana tienes las preliminares del Coloso y tú aquí, zampando como un gordo tocinero. –dice Evangeline.
- ¡Reviento a todos los del Coloso como me dé la gana! –dice Piers.
- Sabes que Leryn está a tu misma altura, y ella va a ir más entrenada...
- A esa se la van a liquidar en la primera ronda, ¡ya verás!
- Al menos, confianza en tí mismo no te falta... –dice Reginleif.
- ¡Claro que no! Si piensas en la victoria, hay posibilidad de perder. Si piensas en la derrota, no hay posibilidad de ganar. ¿Lo captas? –sonríe Piers mirando a Reginleif.
- Lo capto. –dice Reginleif sonriendo.
La noche se acercaba. Piers, Evangeline y Reginleif se dirigieron a la entrada del Coliseo, a reunirse con Claire y Leryn. Los generales imperiales estaban apuntándose en ese momento...
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