domingo, 8 de agosto de 2010

Eidolancer - Capítulo 5

La escena se encontraba en Campo Glacial, lugar donde Reginleif había despachado aquel arsenal de imperiales. El joven Eidolancer se hallaba sentado en el nevado suelo, apoyado en un árbol. Podía ver claramente los cadáveres de todos los soldados allí destruidos. Se preguntaba si debería dejar o no así los cadáveres, aunque al fin y al cabo le daba completamente igual. Se levantó y empezó a andar vagamente por la nieve, mirando los árboles para encontrar algo de comer.

Encontró unas frutas raras en un árbol, y se preguntó si serían comestibles.

- Total, no tengo nada que perder. -pensó.

Reginleif saltó al árbol y recogió un par de frutas, y bajó al suelo de un salto. Volvió a sentarse en la nieve, apoyándose en el árbol.

- Me pregunto cómo sabrán. -pensó pelando una fruta.

Le dió un mordisco. Al parecer, a Reginleif le gustó el sabor de aquella fruta. Volvió a saltar al árbol cogiendo más, y se sentó a comer. Al poco rato, ya había comido unas cuantas frutas, se levantó y ando hacia delante.

Se preguntaba si debería dejar Campo Glacial, ahora todos los imperiales saben que está allí. Sacó un mapa, y contemplándolo pensó...

- Estoy en el noreste. -piensa señalando donde pone Campo Glacial en el mapa- He oído rumores de que en el Monte Deran está el Pico de la Luna Fulgurante, relacionado con viejas historias de Eidolon. No quedaría muy lejos. A ver, aquí está la Colina de Invocación -señala el mapa- en mi aldea natal. De ahí, hacia el oeste está Camus, la ciudad portuaria donde se celebra el Coloso. No falta mucho para que tenga lugar el Coloso. Hacia el norte está el Monte Deran, que queda al oeste de aquí. Pasando por el Estero Escamado no tardaré mucho en llegar al Monte Deran. Aunque ya que estoy le haré una pequeña visita a la Colina de Invocación...

Reginleif se guardó el mapa en el bolsillo y echó a andar, hasta que se metió en un bosque. Se oían ruidos de espadas.

- ¡Eso, eso! ¡Venga, siete a por mí! -decía una voz conocida.
- Volverás a la capital de Khamhja, viva o muerta.

Reginleif se acercó a donde estaba el ruido. Un grupo de Sword rodeaban a Claire, la chica de pelo negro con la que había hablado antes.

- Khamja, como siempre, cobardes. -pensó Reginleif-

Reginleif aferró el talismán, y se elevó en el aire. Otra vez, apareció un aura plateada a su alrededor.

- Fenrir, aullido del viento, acude a mi llamada. -dijo con los ojos cerrados.

Una luz de color azul pálido inundó la zona. El espíritu de un lobo azul, blanco y plateado apareció sobre Reginleif, desvaneciéndose dentro de su cuerpo. El Eidolancer adoptó una forma parecida.

Reginleif saltó y corrió hacia donde estaban los gritos. Un tornado envió volando a los imperiales que había en la zona, perdiéndose de vista. La chica lo miró, parece que lo había reconocido.

- Te libraste del último soldado que quedaba en Campo Glacial la última vez. Y yo no soporto las deudas. -dijo Reginleif recobrando la forma humana.
- Reginleif, sabía que eras tú.
- ¿Qué haces aquí?
- Voy camino de Camus, voy a participar en el Coloso. ¿Y tú?
- Donde me lleve el viento. Pero voy a ir a la Colina de Invocación, me gustaría volver a verla.
- Está cerca de Camus, puedes venir conmigo si quieres -le dice sonriendo- ¿O crees aún que soy de Khamja?
- He oído a los imperiales. Tú fuiste de Khamja. ¿Abandonaste el imperio por miedo a morir?
- No...
- ¿Entonces? Bah, además no creo que me lo vayas a contar.
- Pues.. ¿por qué no? Somos amigos, ¿no?
- No sé a qué llamas tú amigos. Pero supongo que sí.
- Khamja me obligaba a destruir mi pueblo, porque había invocadores, y yo me negaba, pero ellos destruyeron mi pueblo y a los invocadores.
- Perder tu aldea natal es... ¿cruel por definirlo de algún modo?
- Sí... ¿A tí también te ha pasado?
- Mi aldea natal está vacía. Es Oblivion, la Aldea de los Invocadores, donde está la Colina de Invocación. Creo que no hay absolutamente nadie. Tenía 9 años cuando los Eidolon me escogieron como Eidolancer y dejé la aldea.
- Y todo este tiempo.. ¿qué has estado haciendo?
- Vagar por el mundo. Y aguantar imperiales, y destrozar imperiales.
- Entonces... ¿no tienes nada?
- Bueno, digamos que sí... Mi hermana, pero no sé nada de ella.
- ¿Quién es?
- Se llama Evangeline... ¿La conoces?

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