Reginleif, Claire y Evangeline estaban ya cerca del Monte Deran. Las altas cumbres se veían de fondo, y la luz ya estaba desapareciendo. En el Monte Deran nunca es de día, es un lugar que nunca recibía la luz del Sol. Viejos cuentos y leyendas afirman que la noche eterna allí se debía a algún Eidolon lunar. También, otros cuentos y leyendas, afirmaban que el Monte no pertenece a la Tierra, sino a la Luna, y había una especie de barrera interdimensional que permitía llegar hasta allí.
- Curioso... Un lugar donde no existe el día. –dice Claire.
- Así es. Eve, tú has debido de oír las viejas leyendas de este lugar. –responde Reginleif.
- Sí, siempre me han gustado, y siempre he querido venir a este sitio, donde la luna llena nunca desaparece, donde místicos Eidolon lunares se esconden... –dice Evangeline interesada.
- El otro Eidolancer ha de estar en el Pico de la Luna Fulgurante... y Knoll con él. –dice Reginleif, mostrando cierta preocupación.
- Un Eidolancer no tendrá problema para hacer polvo a Knoll... siempre que él no lo engañe. –dice Claire.
- Ese tal Knoll tiene una fama de manipulador tremendamente grande, por lo que veo. –dice Reginleif.
- Con solo mirar a una persona, entra en sus recuerdos... y esa es su arma. Gracias a ello ha conseguido tanto de quien ha querido. –responde Claire.
- No vais a llegar al Druida. –dice una voz desagradablemente conocida, a sus espaldas.
Krad los había alcanzado. Empuñaba su reluciente espada, y miraba amenazadoramente a Reginleif y los demás.
- Os perdoné la vida una vez, en la entrada del Coliseo. Y me dí cuenta de que ha sido un gran error. –dice Krad.
- Demasiado tarde para arrepentirse. –dice Reginleif.
- Lo es. Pero ahora hemos vuelto a encontrarnos. Y decirme, ¿creéis que hay alguien tan necio como para cometer los mismos errores del pasado? –dice Krad, vacilante.
- No tendrás que cometerlo... ¡Porque no tendrás ocasión! –dice Claire, empuñando su espada.
- Ajá... Ya veo. La traidora será la primera en morir. –dice Krad irónicamente.
- ¡TÚ serás el primero y el único en morir! –grita ella.
Claire tendió a arremeter contra Krad, pero notó una mano sobre su hombro, deteniéndola.
- Quieres pelear contra Knoll y vencerle, ¿no? –dice Reginleif, detrás de ella.
- Sí...
- Entonces, el generalito engreído es comida para mi hermana y para mí. No tienes que cansarte antes de llegar al Pico, nadie sabe de lo que es capaz Knoll.
- ¡Vale! –dice ella, echándose hacia atrás y dejando espacio a Reginleif y Evangeline.
- No me asusta que seas un Eidolancer, te mataré de todos modos. ¡Sefem me recompensará por todo lo alto! –vocifera Krad.
- ¡Zagan! –dice Evangeline, alzando su talismán.
- Doomcaliber, amo de los coliseos, acude a mi llamada. –dice Reginleif.
Apareció el mismo resplandor de siempre, y Reginleif volvió a adoptar la forma del caballero de la gran espada, y Zagan apareció a su lado.
- Así que lo del Ultimate del Hainley era mentira... Bien, todo preparado. Que comience la fiesta. –dice Krad tranquilamente, agarrando su espada con ambas manos.
Una luz roja brillaba en el cuerpo de Krad, y se transformó en un enorme demonio alado de color marrón y negro que portaba una colosal espada.
- Esto es un verdadero Ultimate. –dice Krad.
Zagan arremetió contra él, chocando su enorme hacha con la gigantesca espada de Krad. Ninguno de los dos cedía. Reginleif clavó su espadón en el suelo, y una especie de dragón de humo negro surgió del lugar donde lo había clavado, que alcanzó a Krad en el pecho. Krad cayó al suelo, recuperando su forma humana.
- Encontraré la manera... de parar a un Eidolon... y controlarlo... –dice Krad medio agonizante.
- General Krad... no levantes tu espada contra aquél al que no puedes derrotar. –dice Reginleif fríamente, recobrando la forma humana.
- Ilusos... Khamja nunca va a caer ante tales personas...
- Krad... ¿No te das cuenta de que eres un juguete del Emperador? –dice Claire.
- ¿Yo? ¿Un juguete? Estáis tontos, no sabéis ni lo que decís.
- Esta será tu tumba. –dice Claire levantando la espada.
- Antes habréis de alcanzarme... ¡Absórbeme, Oscuridad! –dice Krad.
Un agujero de sombras apareció en el suelo, escapando Krad a través de él.
- Ha ido a la capital. –dice Claire.
- ¿A la capital? –pregunta Evangeline.
- Los más altos guerreros de Khamja pueden volver a la capital de esa manera cuando quieran.
- ¿Tú también lo hacías? –pregunta Reginleif.
- No, pero Knoll sí, siemp...
Antes de que Claire acabase la frase, un resplandor azul inundó la zona. Parece ser que la luz venía de la montaña más alta del Monte Deran, el Pico de la Luna Fulgurante.
- Eso es... –dice Reginleif.
- El Pico de la Luna Fulgurante. –dice Evangeline.
- Knoll debe de estar ya allí. –dice Claire.
- Y el otro Eidolancer... también. –dice Reginleif.
- ¡Vamos! –grita Evangeline.
Reginleif echó a correr hacia la montaña de donde provenía la luz, Claire y Evangeline le acompañaban. La luz cada vez era más intensa, y de vez en cuando emitía resplandores...
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