Evangeline y Reginleif estaban en las gradas observando las rondas. Había mucho más jaleo que el día anterior, y muchas pancartas de ánimo a Krad.
El Coloso dio comienzo. En la primera ronda, Claire peleó con un Hainley al que no tuvo ninguna dificultad para vencer, por lo que no se cansó prácticamente nada. Leryn se enfrentó a un Sword, al parecer imperial, que tampoco le costó vencer. El Sword casi no pudo golpearla, mientras ella le daba todo lo que quería y más. Krad venció a su oponente, un Shooter, en cuestión de dos sablazos. Eithen, la generala Lancer, venció a uno de su misma categoría. Erk, el general bajito, venció a un Assasin. Pudo verse que era Wizard. Y Naymeel, la generala Fighter, tenía que enfrentarse a Piers.
- Erk, ya sabes. –dice Naymeel al mago.
El mago juntó las manos, y un rayo recorrió el cuerpo de Naymeel.
- Ya está. No nos falles. –dice Erk.
- ¡Graciaaaaaaas! –canturrea ella abrazándolo.
- Te mato.. –dice Erk, que había caído al suelo paralizado al recibir el abrazo.
- ¡Funcionaaaa! –dice ella corriendo hacia la arena.
Piers y Naymeel estaban ya preparados en la arena. Los amigos de Piers le hicieron un gesto deseándole buena suerte. El árbitro disparó la bala. Piers agarró su hacha y esperó quieto en su sitio. Naymeel corrió y saltó sobre él como la última vez, pero fue rechazada con el hacha. Ella rodó por el suelo para recuperar la caída, y volvió a levantarse. Piers seguía quieto. De tanto entrenar con Leryn, sabía que era totalmente inútil arremeter contra una Fighter. Naymeel corrió otra vez hacia Piers. Cuando el hacha iba a rechazarla, ella pegó un salto y se subió en el hacha. Desde ahí, saltó al aire y alcanzó la frente de Piers con una ágil patada. Saltaron chispas en el lugar del golpe, y Piers cayó paralizado al suelo. Naymeel cayó encima, inmovilizándole como dos días antes en la entrada del Coloso.
- Está hechizada. –dice Reginleif a su hermana, que se encontraba al lado en la grada.
- Un encantamiento de un Wizard, ¿no?
- Mientras ella esté encima, Piers no se va a levantar. Está totalmente paralizado, y la electricidad que hay en el cuerpo de Naymeel no dejará de afectarse si no la aparta. Pero no puede apartarla, porque no puede moverse... ni podrá.
- ¡Eso es trampa!
- Eve, hermana, recuerda lo que hiciste en la entrada del Coloso.
- ¿Qué?
- Lo que Krad creyó que era el Ultimate de Piers.
- Entiendo... ¡Zagan!
Zagan apareció al lado de Piers, que de un hachazo aparto a Naymeel de él. Ella volvió a saltar sobre él para que la electricidad no perdiese efecto, pero Zagan lo impidió. Piers se recuperó y se levantó. Esta vez estaba seguro, y arremetió contra ella. Ella lo esquivó con un ágil movimiento y lanzó otra patada, pero no llegó a darle porque Zagan lanzó su enorme hacha, que derribó a Naymeel al suelo. Piers, aprovechando esta situación, la atacó con su hacha, cortándole la cabeza.
- ¡El Hainley Piers venció el combate! –dijo una voz de fondo.
Evangeline retiró a Zagan aliviada.
- Hermano, recuerda que el combate lo he ganado yo y no Piers –guiña el ojo.
- Los tres en la siguiente ronda. –dice Reginleif.
Terminaron los combates que quedaban, y dió comienzo la siguiente ronda. Piers esta vez lo tuvo facilísimo, se enfrentó a un Priest, que había pasado la primera ronda porque su oponente era otro Priest. Leryn tumbó a un Orc, con cierta dificultad. Krad tuvo que enfrentarse a su compañera Lancer, a la que mató sin remordimiento ninguno. Y Claire peleó contra Erk, el mago.
- Sé que eres tú, traidora. –le dice Erk.
- No vas a salir vivo de aquí. Y pronto le llegará el turno a Knoll. Pagaréis por Veigar.
- ¡El Emperador me recompensará por haber acabado con la traidora!
Erk comenzó enviando una columna de fuego contra Claire seguida de una ventisca de hielo. Ella esquivó la columna de fuego, pero la ventisca le impedía llegar a Erk. Este liberó una lluvia de truenos que dejaron a Claire casi derrotada, pero ella en el último momento arrojó la espada a Erk, que con suerte, le acertó en el pecho, matándolo. De repente, el suelo tomó un color negro y una figura salió del suelo, en medio del campo de batalla.
- Camus pertenece a Khamja. –dice el encapuchado.
- ¡Tú! –dice Claire mirándolo con asco.
- Se acabó el Coloso. –dice Krad, corriendo hacia el centro de la arena.
- Eidolancer, sé que estás en alguna parte de este Coliseo. Entrégame tu talismán y no te sucederá nada. –dice el encapuchado.
- Maldito... –dice Reginleif.
- ¡No vayas! –dice Evangeline parándolo.
- Van a matar a Claire. Y a un montón de gente inocente de Camus.
- ¡Eidolancer, sal ya! –dice el encapuchado.
- Traidora, ha llegado tu hora. –dice Krad.
El suelo tomó de nuevo un color negro, que desapareció en breve.
- Krad, encárgate de la traidora. La teoría de Hao era cierta, acaba de comunicármelo. He de irme. –dice el encapuchado.
- ¡No huyas! –dice Claire.
- Tu amigo no es el único Eidolancer, Aiko.
Reginleif, al oír esto, saltó de golpe a la arena.
- ¿Qué has dicho, Druid?
- Hola, Eidolancer. –saluda el Druid.
- ¿Cómo que no soy el único Eidolancer?
- Verás, es muy sencillo. Existe otro. Son dos los Eidolancer que quedan por el mundo. ¿O no has pillado lo que te querían decir los Eidolon siempre?
- ¿Y eso qué quiere decir? –pregunta Reginleif.
- Que los Eidolon dependen de vosotros dos para vivir, al igual que vosotros de ellos. Es un ciclo cerrado. Por lo tanto, si algo le pasa al otro Eidolancer, le pasará a los Eidolon. Y si algo le pasa a los Eidolon, te pasa a tí. Entrégame tu talismán y no ocurrirá nada. –dice el encapuchado.
- ¡Reginleif, no le creas! ¡Es Knoll, es el que me engañó diciendo que te encontraría! ¡No le des el talismán! –grita Claire.
- Cuánto tiempo ha pasado, Aiko. Desde que te encontré en las afueras de Veigar, buscando a tu amigo. Aunque ahora vas a contemplar como muere lenta y dolorosamente –dice Knoll.
- ¡IMBÉCIL! –grita Claire arremetiendo con su espada contra Knoll.
- Cada cual a su sitio. –dice Krad parando a Claire.
- Tu talismán, Eidolancer. –dice Knoll.
- ¡NO SE LO DES! –grita Evangeline desde la grada.
Reginleif cerró los ojos, dispuesto a llamar a un Eidolon para absorber su fuerza.
- ¿No quieres darme el talismán? Tranquilo, no pasa nada, no habrán peleas. El otro Eidolancer está en el Monte Deran. Y yo me voy ahora mismito para allá. Despídete de tu vida, no le queda mucho, Eidolancer. –dice Knoll desapareciendo entre las sombras.
Todas las personas que había en el Coliseo dirigían sus miradas a la arena, asombrados, asustados, quizá atemorizados...
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