lunes, 9 de agosto de 2010

Eidolancer - Capítulo 6

La expresión de la cara de Claire cambió completamente al oír aquel nombre. Andó un paso hacia atrás, y dirigió la mirada hacia abajo. Reginleif iba caminando hacia delante, y se detuvo, sin mirar atrás.

- ¿Ocurre algo? -pregunta.
- Reginleif, de Oblivion, su hermana se llama Evangeline, dejó la aldea a los nueve años... Imposible. Él.. un Eidolancer? No puede ser... eso es casualidad, pura casualidad... -pensaba ella- No, nada -le dice a Reginleif forzando una sonrisa.
- ¿Piensas que voy a tragármelo? -Reginleif se da la vuelta y la mira- Qué ocurre con mi hermana.
- Me recuerdas a alguien.
- ¿Y eso qué tiene que ver con mi hermana?
- Aún no te he dicho de dónde soy... soy de Veigar...
- ¿Y? Veigar está al lado de Oblivion, lo sé.
- Mi mejor amigo de la infancia se llamaba Reginleif, era de Oblivion, su hermana se llamaba Evangeline y dejó la aldea a los nueve años.
- No recuerdo a ninguna Claire.
- Mi nombre real... es Aiko.
- ¿Aiko?
- ¿No te acuerdas nada nada de mí?
- Paso de acordarme del pasado.
- Entonces... ¿Por qué buscas a tu hermana?
- Un presentimiento de los Eidolon.
- Sí que has cambiado...
- ¿Me conoces de algo?
- No lo sé... -dice pensativa- Pero todo encaja, el nombre, la procedencia, el nombre de su hermana, cuándo abandonó su aldea... Tiene que ser él, pero parece que no se acuerda para nada de mí... -piensa.
- No te quedes ahí parada, vamos. -dice Reginleif echando a andar de nuevo.
- Sí...

Reginleif seguía caminando. Claire le seguía, aunque a veces se quedaba quieta, pensativa. Reginleif no se detenía, seguía caminando hacia delante. Claire le perdió de vista. Cuando Reginleif ya no podía verse, una horda de más de 20 soldados bajaron de los árboles.

- Eres nuestra, traidora.
- Cobardes... Asquerosos... ¿No os negáis a atacarme justamente, de uno en uno?
- Khamja no conoce la palabra justicia. -dice un soldado saltando sobre ella.

Claire, con esfuerzo, pudo librarse de todos los soldados. Pero entonces, un montón de escopetas la apuntaban desde los árboles.

- Encima con shooters... -dice ella con asco.
- Muévete un dedo y estarás muerta. -dice uno.
- Bah, si está muerta ya... -dice otro, riéndose.

Reginleif tuvo una especie de presentimiento. Notaba que algo estaba ocurriendo. Agarró el talismán y levitó en el aire, rodeado del mismo aura plateada de siempre.

- Kirin, morador de las llamas, acude a mi llamada.

Esta vez, el resplandor fue de color rojo, y el espíritu que apareció era un perro alado rojo. Reginleif adoptó una forma parecida.

- Arde, bosque.

Con las palabras de Reginleif, el bosque entero estalló en llamas. Los shooters que apuntaban a Claire, a bastantes metros de distancia, murieron quemados. Claire estaba asustada, rodeada de fuego por todos sitios. Reginleif la alcanzó en seguida, sacándola de la zona de llamas, llevándola al otro lado del bosque, fuera del Campo Glacial.

- Ya no te debo nada... -le dice ella.

Reginleif recobró su forma humana.

- ¿Crees que dejaría morir a mi mejor amiga de la infancia? -dice Reginleif, sonriendo.
- Sabía... ¡Sabía que eras tú...! -dice Claire abrazando a su amigo.
- Me alegro mucho de verte, Aiko.
- ¡Y yo! Procura no llamarme así cerca de imperiales...
- Está bien -sonríe Reginleif.
- ¿Cómo es que me has reconocido ahora?
- Algunos Eidolon tienen partes negativas. Fenrir me despoja de antigüos recuerdos hasta que adopte otra forma diferente. Siento no haberte recordado antes.
- Vaya, entiendo... ¿Y cómo es que eres Eidolancer? ¿Cómo es que ahora eres... la persona más poderosa del mundo?
- No soy inmortal. Los Eidolon me escogieron.
- ¿Los Eidolon son los que escogen a quiénes son los Eidolancer?
- Así es. Por eso hay tan pocos... por eso ya no quedan. Me pregunto qué hice yo para ser escogido como Eidolancer.
- Siempre has tenido un fuerte carácter, quizá se fijasen un poco en eso...
- La cuestión no es por qué soy Eidolancer... la cuestión es que lo soy.
- No te imaginaba yo Eidolancer cuando eramos pequeños y jugábamos por las afueras de Oblivion y Veigar.. -dice Claire riéndose.
- ¿Y tú? ¿Cómo es que acabaste en Khamja?
- Cuando desapareciste, te estuve buscando varios días, por Veigar, Oblivion, la Colina de la Invocación... Hasta que me encontré con un tipo misterioso que me dijo que sabía cómo encontrarte, me fuí con él, y acabé en la capital de Khamja.
- ¿Quién era?
- Knoll se llamaba, era un Druid.
- ¿Y te lo creíste?
- Tenía solo 7 años, quería volver a verte, así que sí, le creí, y me secuestró. Estuve esperando a que Knoll me dijese cómo encontrarte durante todos estos años, pero siempre me saltaba con excusas, y nada más que tenía que hacer misiones para Khamja. Luego me ordenaron destruir mi pueblo, y no quise, Knoll lo hizo... A la mínima ocasión que tuve, huí de la capital. No quiero saber nada de Khamja.. los quiero ver muertos, especialmente a Knoll.
- Espero que lo mates.
- Descuida, pienso hacerlo -dice Claire sonriendo- Participaré en el Coloso por si aparece por allí encargarme de que sea el último lugar que pise.
- No has perdido tu espíritu optimista con los años -sonríe Reginleif.
- ¿Por qué no cambias de forma y vamos inmediatamente a Camus?
- No puedo cambiar de forma a no ser que haya peligro cerca... ser Eidolancer no es ser un dios.
- Pero sí que eres inmortal...
- Te he dicho muchas veces que no, Claire.
- Ahora que ya me conoces, sabes quien soy, y sabes que puedes confiar en mí, me puedes contar cuál es tu debilidad? Ten por seguro que no es para aprovecharme, es solo curiosidad -sonríe.
- En fin... para que un Eidolancer muera, todos sus Eidolon han de morir. Entonces pasa a ser una persona normal, que puede matarse como a cualquier otra.
- Pero los Eidolon desaparecen al instante... ¿cómo se matan?
- Cuando me hieren estando en una forma, el que sale herido no soy yo, sino el Eidolon que me da esa forma. Si los Eidolon están débiles no puedo cambiar de forma, y pueden matarme como sea.
- Gracias por habérmelo contado -sonríe ella.
- Espero no arrepentirme.

Reginleif y Claire echaron a andar, la Colina de la Invocación podía verse a lo lejos. No estaban muy lejos de Camus.

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